el Fin.

Publicado: 19 julio, 2016 en Todas las que tengo que ordenar

Este escrito es un manifiesto sin rodeos, sin recursos narrativos, sin más canciones…

sin la persona que fui.

 

Representa para mí, todo lo que quiero sacar de mi pecho, para dejar en otro tiempo y en otro lugar… pero que merece ser cremado y llevado al mar… viajar por el mundo y limpiarse con cada vuelta en el aire.

 

Te perdono por no haberte enamorado de mí,

Por no haberme visto, detrás de tus grandes ojos.

Por no haber planeado tu vida conmigo, por no desear perderle el sentido tomándonos de la mano con tranquilidad, mientras veríamos de cara la tarde y nos burlábamos de los relojes sin manecillas… envejeciendo.

Te perdono por no haberme amado nunca, ni volverte loca… conmigo.

 

Te perdono porque sé que trataste y te agradezco por cada momento de tu tratar por mí.

 

Te perdono, Sócrates… Sócrates… porque gracias a cada paso que tuve que dar, aún a tirones de carreta, es que pude soltar el dolor de cada sueño planeado y que no quisiste ser conmigo.

Al fina del día pude entender que te perdono, como me perdono a mí.

… Que te suelto ya en calma, como me suelto a mí.

Porque mi vida ya no está más conmigo, y así puse en pausa veinte años para reafirmarme en grande que aunque siempre supe hacia donde apuntaban mis sudorosas palmas, o mis tropezones, mi camino por seguir buscando enamorarme a cada paso siempre estuvo en otro lugar.

Te perdono una última vez, te suelto una última vez, y te agradezco una última vez… porque al final del día, así… muriendo de mí… es que cada célula de mí comenzó a vivir con mayúsculas y en un orgasmo de alegría y llanto… como cuando nací.

 

Adiós texto mío, adiós a tus nostalgias…

adiós al mundo que fui.

Suelto cada una de tus manifestaciones del pasado, y suelto de mí aquellas que venían por mi respirar necio de verdades, y hacia el futuro.

Gracias por haber tratado conmigo… Entiendo que no hayas sabido amarme, porque ahora sabe cada centimetro de mi cuerpo, que aún nuestro amar más profundo hubiera permanecido de plástico… como mis manos.

Y necesité hasta la última hora de mi noche para conocer el amor que nunca fui… para dejar de ser  mundo y comenzar el alegre camino de sólo vivir en él.

 

y a mi Dios… un, dos, tres por mí… y por todos mis amigos.

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