16 de octubre

Publicado: 15 diciembre, 2015 en Todas las que tengo que ordenar
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Me había propinado mi espacio en el tiempo, antes de terminar por escribirte del todo estas letras.

No quiero decir con honestidad el porqué; aunque puedo inventármelo, seguro sería épico… grande y culminante… pero tal vez ninguna descubriríamos la verdad.

Bueno… seguro tú la sabes ya…

Como sepas porqué de entre los meses pasados, escribo ahora de ti.

¿Será que fundida entre partículas de imperceptible tamaño, o en constelaciones inmensas es que puedas saber ya del todo y de todos?…

Al menos de aquellos como nosotros, que todavía nos aplasta el cielo y nos inventamos pretextos para darnos la importancia en resolver que –siempre si tenemos sentido-, y una y mil razones de peso para probar que por algo es que todavía caminamos por estas tierras.

… absurdos nosotros…

Espera… que voy a apagar la luz.

… si… ya sé…

Ahora me toca redundar, incoherente, como se comienza una plática sobre la intrascendencia del clima; se dice hola… o se preguntan cosas importantes que luego por las prisas casi nunca se escuchan.

… Supongo que es como tomarse el café con un extraño, y que antes de cualquier otra cosa que signifique intimidad, o la posibilidad de romperse en pedazos… Bueno… tú eres todo menos extraña… pero no había querido romperme nada contigo… ni el silencio, ni en llanto de nuevo y que al final del día vuelva a reparar que no volverás más a esta cocina.

… al menos ya empecé a escribir con la verdad. Supongo que comenzaré por regresar el tiempo exactamente un par de meses, y un día.

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Hoy miré fijamente la alacena

Servía en una taza vacía un café mediocre… de esos en que no importa la temperatura del agua, ni el sabor del maíz disfrazado de elegancia… nada…

… de esos que uno se toma para entretenerse las horas, y de repente ante mis ojos descubrí que sí, ahí seguían intactas las repisas

… pude percatarme también que bajo los condimentos estaban las harinas…

Estaban ordenados los platos para las fiestas, las bolsas de tela se aglutinaban detrás de la puerta, y seguían como siempre dificultando un tanto el paso directo que debería de hacerse para su cierre glorioso. Estaba todo, y me golpeó de pronto tu ausencia.

… Nunca más voy a verte.

He de decir ahora, que cuando uno juega a que escribe, uno quiere matar a todos… hablar de caballeros, doncellas y cruzadas… hablar de un millón de cosas, excepto de realidad. La realidad siempre es dura cuando alguien en efecto muere.

… No habrá anécdotas nuevas…

Golpea como cuando sabes que va a alcanzarte el día en que no recuerdes su voz… o su calma ante la vida.

… No…

… golpea como cuando de plano prefieres cambiar el ritmo de la lectura y dirigirte mejor a un extraño, que terminar las letras y poner todos los puntos en el guión.

¿Bueno que es la vida al final de cuentas?

Prefiero mis metáforas donde todos seguimos dormidos y tú… bueno tu ya estás muy despierta y lo abarcas todo.

🙂

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